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Se arma polémica por el “no nombre” de “Fernando Valenzuela” al Estadio Sonora

Por Oralia Acosta G.

El terso cambio de nombre de Estadio Sonora a Estadio Fernando Valenzuela que había sido aplaudido como propuesta y pasado sin controversia alguna, prácticamente por “unanimidad ciudadana”, se arrugó por un error de criterio.

Por algún tipo de “ahorro”, ya sea de espacio o de recursos -no se entiende de otra manera- se decidió imponer las letras del nombre incompletas, abreviaron lo que nunca se abrevia, el nombre.

Y la polémica no se hizo esperar. Las primeras fotos de las letras ya impuestas en lo alto del estadio, ofrecen a la vista una leyenda nunca asociada al impresionante pitcher que fue el gran “Toro” de Etchohuaquila: F. Valenzuela. Ni en la casaca de Fernando, ni en ninguna referencia antes conocida se le nombraba al famoso número 34 como F. Valenzuela. En la espalda de su jersey se leía “Valenzuela” y su número, pero la “fernandomanía” no provino de una letra sino de su nombre pleno, gigante: Fernando.

Ayer, en el programa de Nuestras Noticias Sonora, que conduce Sergio Valle, el tema prendió y los radioescuchas hicieron una sátira de esta decisión, seguramente burocrática, emanada de algún escritorio de alguna oficina (sería imperdonable que el origen fuera la de Erubiel Durazo, titular de la Codeson) y surgieron tantos nombres que en el imaginario colectivo podría sugerir la “F”: Francisco, Franco, Fortino, Félix, Fabián, Felipe, Furcio, Filiberto, Fausto, Fortunato, Feliciano, Fidel, Fidencio, Floripondio, Facundo, Francisquín… y cuantos nombres y apodos existen con “F”.

Y la mofa no tuvo qué ver con el personaje, quien conoce o gusta del beisbol sabe que la F. significa Fernando; tiene qué ver con el cariño y el respeto al Toro de Etchohuaquila, que merece más.

La realidad es que no hay acierto visible en la lógica de quien tomó la decisión de abreviar el nombre. Espacio hay, es el Estadio Sonora, es enorme.

Seguirán, seguramente, modificaciones a esta ociosa determinación -administrativa, sin duda- si no se exhibe antes una aclaración que la justifique; y “antes” es antes de que Fernando, “El Toro” Valenzuela, se pare en el estadio y eleve su mirada al cielo, como lo hacía en el montículo en sus muchos años de Gloria y vea que le escatimaron siete letras a su gran nombre.

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